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Erradicar la violencia en el fútbol, ¿sólo en un año?

La violencia en el fútbol español ha recobrado preponderancia en el debate deportivo a raíz de la monumental batalla campal librada por los ultras del Deportivo de La Coruña y los del Atlético de Madrid hace unos domingos a orillas del madrileño río Manzanares. Una gran reyerta que se cobró la vida de un hombre de 43 años natural de La Coruña conocido como Jimmy. No fue una víctima inocente. Francisco Javier Romero Taboada participó activamente en un enfrentamiento de tales dimensiones con el que sabía se estaba exponiendo a un final fatal que fue tal y como acabo: muerto, asesinado. Un suceso pactado por mensajería móvil que eludió cualquier acción de represión policial. Incomprensible.

Este terrible suceso ha generado en nuestro país una cascada de reacciones, opiniones y, al fin, medidas como si de la noche a la mañana nos hubiésemos topado con un fenómeno nuevo en nuestro fútbol. Y no es así. Como en tantas ocasiones, he vuelto a experimentar una perplejidad extraordinaria ante tanto cinismo como se ha empleado en reabrir un asunto que desde que yo recuerdo, siempre ha sido consustancial con el deporte rey.
Fue a mediados de los 70 cuando comencé a frecuentar el estadio Alfonso Murube con aquél ilusionante equipo cuya principal alineación aún relatan ‘de carretilla’ muchos aficionados de mi generación y otras anteriores. Yo no. Mi me memoria es mucho más frágil pero bastará citar a los Valenzuela, Conejo, Serrán o Angelín para ubicar en el tiempo mis primeras visitas al campo municipal y a otros del Campo de Gibraltar donde se disputaban emocionantes derbis del Estrecho donde la violencia era un ritual más de la confrontación.

No estamos ante prácticas nuevas. Aún recuerdo, eso sí, con perfecta nitidez que se cruzaban aficiones entre insultos, o aficiones hacia jugadores y árbitros. Ataques verbales racistas, homófobos y otros, se sucedían sin solución de continuidad y exentos de cualquier reproche de los más tranquilos ni de las fuerzas de seguridad que custodiaban los estadios y sus entorno, quienes, más al contrario, solían reír la gracia al o los energúmenos de turno que se dejaban la garganta hecha polvo al grito de moro o maricón.

De aquellos polvos, estos lodos. Probablemente nunca imaginamos que el fútbol se llegaría a cobrar víctimas como así ha sido. Porque aquello creció y se multiplicó cuando, en lugar de tomárnoslo a chuflas lo hubiésemos debido cortar de raíz. Pero no, creció y creció de manera transversal. En todas las direcciones con el sorprendente apoyo de los distintos estamentos del mundo del balón: jugadores que rompen piernas y muerden al adversario, árbitros cuya ineficacia sólo incrementa el clima violento sobre el césped, entrenadores y directivos que miman a los más recalcitrantes y salvajes grupos de desalmados capaces de perpetrar batallas campales con muertos en la contienda.

La violencia en el fútbol ha sido consentida. Y cada vez desde las categorías más modestas o inferiores. Sin ir más lejos hay que recordar un episodio recogido por el diario digital Ceuta Deportiva en el que se vio involucrado el Ceuta: “Partido de la 18ª jornada del grupo 10 de la Tercera División que se disputó en el complejo polideportivo ‘Carlos Marchena’ de Las Cabezas de San Juan. El colegiado Fernández Rodríguez reflejó en el acta que aficionados del Cabecense profirieron insultos racistas a los jugadores del Ceuta. En la segunda mitad uno de los asistentes avisó al árbitro para advertirle que un grupo de aficionados estaba increpando a los jugadores suplentes del Ceuta al encontrarse muy cerca detrás de una valla. El colegiado granadino también reflejó que Chakir al finalizar el encuentro hizo una peineta al público cuando la expedición caballa asegura que el centrocampista levantó el puño para celebrar la victoria.” Y en la élite, mientras escribo este artículo me entero del apuñalamiento a dos hinchas del PSG tras su partido de Champions frente al Barça.

No todo el mundo es así. Ni responsables de clubes o federaciones, ni árbitros ni futbolistas ni afición. Pero el solo concurso de algunos tiene una enorme capacidad de contaminar. Es verdad que en España, las víctimas fatales no son algo habitual. Pero ya han sido varias. Por eso, apenas cuatro días después de la muerte de un hincha del Deportivo de La Coruña en un ‘choque de barras’, como llaman a estas broncas en el fútbol argentino, los dirigentes han activado un paquete de medidas que comenzarán a funcionar desde el 15 de diciembre. Este próximo fin de semana.

Tras una reunión entre integrantes de la Liga, el Consejo Superior de Deportes (CSD) y la Federación Española de Fútbol, se resolvió un decálogo que tendrá como ejes un mayor control y seguimiento sobre los violentos y sanciones deportivas para aquellos clubes que faciliten el accionar de los ultras.

Las diez medidas que entrarán en vigencia son las siguientes:

1. Pérdida de puntos y descenso de categoría. Aquellos clubes que colaboren o permitan a los violentos podrían incluso bajar de división.

2. Cierre parcial de estadios donde haya actos violentos. Será para castigar hechos de violencia, racismo o xenofobia.

3. Perseguir y castigar cualquier episodio de violencia verbal. Se realizará un informe en cada partido que dará cuenta de los insultos.

4. Listado de los grupos ultras del fútbol español. La policía y los clubes actuarán juntos para tener un listado de ultras.

5. Regulación de venta de entradas y control de los viajes. No se le venderán entradas a los grupos o violentos. Se hará un seguimiento de los traslados del público visitante.

6. Colocación de molinetes con identificación facial y dactilar. Así se buscará que no ingresen a los estadios hinchas con antecedentes.

7. La Liga de Fútbol Profesional creará un Director de Seguridad.

8. Los clubs deberán contratar a un Director de Seguridad.

9. Se creará una unidad de inteligencia en la LFP. Está trabajará en conjunto con la policía.

10. La Liga Española y la Asociación de Prensa Deportiva confeccionarán un código ético para la prensa. El mismo buscará bajar los niveles de violencia.

Según contó el jueves Miguel Cardenal, presidente del CSD, el objetivo es que "en mayo de este año, cuando acaba la temporada, el panorama sea ya irreconocible en comparación con el actual". También agregó: "Va a ser complicado, pero espero que en mayo tengamos el 80% de este problema resuelto". Me cuesta creerlo. Un problema no resuelto en años, ¿cómo se va erradicar en meses? En cualquier caso, con que sirva como instrumento útil para empezar a combatir a los violentos con mano dura, bienvenido sea. Pero también, se me antoja necesario, incorporar el aprendizaje de las normas del buen comportamiento en el deporte, en general, y no solo en el mundo del fútbol en la educación en valores necesaria en la escuela y en el ámbito familiar. Empezar por ahí facilitará mucho las cosas. Estoy seguro.

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